Esta no es una declaración. Es una carta a nuestras compañeras, hermanas y amigas, a nuestros camaradas, colegas y parientes. Una carta a quienes han caminado junto a nuestro movimiento o sus integrantes, que han acompañado nuestros humildes esfuerzos por ser un domicilio para la esperanza transformadora. Un mensaje para ustedes en medio de un momento terrible.
Como militantes de un proyecto revolucionario tenemos dos certezas básicas: que siempre vendrán derrotas violentas y que nunca será una opción arrodillarse ante ellas. El triunfo de Kast reafirma estas verdades y nos obliga a actuar en consecuencia.
Hoy ha ganado un adversario brutal. Una victoria electoral abrumadora para un grupo que quiere resolver con fuerza bruta oligárquica una crisis que solo puede ser resuelta con la fuerza colectiva de un pueblo que cuida de sí mismo. Ellos han ganado, y eso significa una derrota nuestra. Pero ninguna derrota es definitiva, y perder no es lo mismo que estar equivocados: nuestras convicciones siguen en pie, y en Solidaridad encontramos un espacio para protegerlas, desarrollarlas y desplegarlas en la práctica cotidiana.
Una victoria que se venía preparando
El triunfo de Kast en la elección presidencial fue una confirmación de nuestras predicciones y temores desde hace al menos 10 años: las recetas autoritarias y precarizantes del pinochetismo serán la opción preferida por los sectores dominantes para buscar una salida a la crisis económica, política y social que experimenta Chile.
Con casi un 60% del voto a su haber, la suma de las facciones reaccionarias entra a La Moneda con la idea de montar un “gobierno de emergencia”, que no es otra cosa que un gobierno que golpeará con decretos a los pobres para salvar a los ricos, que perseguirá a mujeres, migrantes y luchadoras sociales para que no estorben su plan de recortes sociales, y que buscará imponer el orden y el silencio de los cuarteles para que la expansión de los negocios siga su curso.
Es claro a lo que vinieron: a defender la propiedad privada de los grandes propietarios, a bajarles los impuestos, a desregular la construcción de edificios e industrias, a debilitar la fuerza del trabajo, a restaurar el lugar de la mujer y de la familia en el tradicional orden de la patria soñada del conservadurismo. La terapia de shock es así: el pueblo recibe el shock, la elite cosecha los beneficios.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Después de 6 años, podemos decir que la revuelta popular de 2019 nos mostró con bastante claridad la situación de nuestro pueblo. Agotado y enrabiado con la precarización, fue capaz de salir a las calles a pararlo todo y dejar instalada la necesidad de un cambio estructural. Decepcionado de un sistema político que lo ha abandonado, no encontró respuestas en los partidos tradicionales. Desarmado ideológicamente, su respuesta fue rechazar todo lo que encontrara a su paso (la vieja Constitución, la nueva Constitución, el viejo gobierno, el nuevo gobierno). Fragmentado socialmente, priorizó la defensa rabiosa de la seguridad del hogar, frente a las múltiples amenazas de la violencia, el desempleo y el costo de la vida. Desarticulado políticamente, no ha sido capaz de construir las organizaciones que representen fielmente sus necesidades y ha tenido que delegar de forma permanente en aquellos que lo usan como carne de cañón para sus propias batallas.
Aún así, hemos visto en el movimiento feminista, en la lucha por la vivienda y las luchas socioambientales los principales focos de resistencia al avance de la precarización y dos grandes fuentes de propuestas de una alternativa transformadora. Estos han sido sectores dinámicos, abiertos a la participación amplia, creativos en sus tácticas e implacables en sus demandas. No han retrocedido ante las amenazas o los chantajes de los gobiernos, ni se han desarmado ante la represión estatal.
También sobreviven en Chile decenas de miles de organizaciones barriales y comunales que sostienen luces de esperanza. Aunque todavía aisladas y restringidas territorialmente, estas organizaciones pueden ser otro pilar para articular la oposición social al gobierno de la extrema derecha, con un proyecto propio que no se subordine a las promesas gastadas del progresismo. El movimiento feminista, las luchas socioambientales, las organizaciones territoriales, los espacios de memoria y derechos humanos, los sindicatos y las juntas de vecinos, todas siguen siendo el patrimonio vivo de la resistencia contra este viejo enemigo pinochetista.
¿Y cómo salimos de ésta?
En este escenario, esta es nuestra propuesta para constituirnos como oposición a la extrema derecha: tenemos que inundar todos nuestros espacios para convertirlos en focos de resistencia y en trincheras de reorganización, tenemos que ser una avalancha de trabajo disciplinado para responder a todas las agresiones precarizadoras y convertir cada combate en una oportunidad para crecer, tenemos que desplegarnos de forma unitaria para que no quede organización de base ni movimiento social que no sea parte del entramado opositor.
Y para lograr esto necesitamos un espacio propio para encontrarnos cara a cara, educarnos mutuamente, analizar la realidad, acordar las estrategias y lanzarnos a conquistarlo todo. Por eso es que les invitamos a que hagan del Movimiento Solidaridad su hogar político, el espacio donde con humildad y convicción hagamos confluir nuestro compromiso, y construyamos el puño opositor con el que sabremos defendernos.
Esta no es un llamado retórico, es una invitación concreta a unir fuerzas en un mismo movimiento, a sumar nuestros esfuerzos múltiples en un frente único, a encontrarnos de verdad y no solo de vez en cuando en reuniones o actividades. Aprendamos de nuestras hermanas y hermanos de Latinoamérica y el mundo que ya han enfrentado al fascismo: unirse para defenderse, unirse para contraatacar.
La verdadera emergencia son nuestras condiciones de vida.
La verdadera urgencia es militar para mejorar la vida, cambiar el país y transformar el mundo.
15 de diciembre, 2025
Proporcionar un espacio para el debate estratégico y programático en la izquierda de Chile


