Author

Isaías Urzúa

Isaías Urzúa has 2 articles published.

Los espejos del laberinto Continuación de "La casa de Asterión"

en Debate por

La reciente publicación en esta revista de un artículo de mi compañero de organización, Javier Zúñiga, invitando a realizar un debate fraterno, humilde, pero sin abandonar la crítica demoledora, me ha hecho considerar que se vuelve necesaria la terminación de este documento dando cuentas de las deficiencias de la IR con el fin ya anunciado de contribuir a salir de nuestra situación de estancamiento político[1][2].

II

En el texto de Javier encontramos una constante apelación al “pueblo trabajador”, concepto homologable al de “clase obrera”, toda vez que el autor no sugiere una diferenciación o algún matiz que permitiera no realizar esta operación. Lo problemático de lo anterior es que, así sin más, reproduce el entendimiento de la clase obrera como una totalidad abstracta y homogénea. Son escasos los ejemplos en los que este sector de la izquierda puede dar cuenta de una concreción política e histórica de la “clase” más allá de fenómenos aislados. Se suele señalar que ésta se expresa en los diferentes movimientos sociales, ya sea en el estudiantil o el mapuche; se habla de ampliar su base dentro de lo ya existente, no obstante, aún el término parece inasible. Algo hay en la utilización mántrica del ruido “clase obrera” o “pueblo trabajador” que una vez enunciado se nos presenta con claridad, pero a la vez se disuelve en el horizonte, se nos escapa, cual fatamorgana.

Sin entrar en la discusión filosófica o sociológica que podría distraernos del problema principal, quisiera señalar por qué lo anterior me parece sumamente cuestionable, al punto de hacernos girar constantemente sobre lo mismo.

Si bien la tendencia hacia la socialización del trabajo dentro del modo de producción capitalista se evidencia como un proceso ininterrumpido, la contracara de esto consiste en que dicha socialización se expresa a partir de una fragmentación de la clase obrera y de su subjetividad productiva. Una revisión esquemática, pero exhaustiva, nos da cuenta que, en principio, en la actualidad la clase obrera se divide (tanto internacional como nacionalmente) en:

  1. Aquellos operarios del sistema de la maquinaria que degrada la subjetividad productiva del obrero que adquiere y aplica su pericia manual en el proceso directo de producción. Acá el trabajador se encuentra encerrado en la repetición constante de un trabajo cada vez más simple. Cabe recordar que “con cada salto adelante que pega el capital en el proceso de apropiarse de las fuerzas naturales, es decir, con cada salto adelante dado por la capacidad productiva del trabajo mediante el desarrollo de la maquinaria, el capital saca del proceso directo de producción a masas enteras de este tipo de obrero”[4].
  2. La población obrera sobrante para las necesidades del capital. A su vez, ésta se divide en flotante, latente, estancada y consolidada.
  3. “En tercer lugar, el capital necesita desarrollar la subjetividad productiva de la porción de la clase obrera cuya participación en el obrero colectivo corresponde al desarrollo de la capacidad de éste para avanzar en el control universal de las fuerzas naturales y en el control consciente del propio carácter colectivo de su trabajo. No basta para desarrollar esta subjetividad con su mero ejercicio en el proceso de producción mismo. La conciencia productiva que rige la actividad del obrero colectivo del sistema de la maquinaria interviene en el proceso directo de producción como un atributo objetivado en la maquinaria y, por lo tanto, como el producto ella misma de una conciencia científica”[5].

Lo anterior, que es un esquema descriptivo de las tendencias del capital en cuanto relación social general, se complejiza aún más si lo que intentamos es dar cuenta de las especificidades propias de los fragmentos de la clase obrera que están insertos dentro de una unidad nacional. Ese proceso al que llamamos Historia, juega un papel importantísimo en lo señalado.

El punto, como se anticipó, no consiste en abrir una discusión respecto a qué es la clase obrera ni cuáles son sus características. Lo que queremos demostrar es que no existe en estado “puro”, que no es otra forma de decir que no se manifiesta como una unidad indiferenciada. Lukács lo expresa de manera ejemplar, ilustrando las consecuencias: “Pero tampoco hay que olvidar que todo intento de preservar ese ‘objetivo final’ o ‘esencia’ del proletariado, etc., pura de toda mancha producida en y por la relación con la existencia (capitalista) lleva en última instancia a la misma lejanía respecto de la captación de la realidad, respecto de la ‘actividad práctico-crítica’, y a la misma dualidad utópica de sujeto y objeto, de teoría y práctica, a la que ha conducido el revisionismo”[6].

Recapitulando, “el pueblo trabajador”, la “clase obrera” no se nos presenta en la experiencia cotidiana como una unidad. Avancemos.

En su texto, Javier menciona que se ha abierto un “espacio anticapitalista”. Más allá de hablar sobre la veracidad del enunciado, nos entrampamos en el hecho de que su mera enunciación no es capaz de dar cuentas respecto a qué necesidad histórica se está expresando. Es la dificultad en la que cae no tan solo la IR, sino que la mayor parte de las lecturas sociológicas y políticas del período en el que vivimos. Con esto quiero señalar algo bastante concreto, siguiendo el razonamiento que hemos esbozado hasta el momento: no entendemos qué fragmento de la clase obrera se está movilizando, por qué esa actividad comienza en los “espacios” o “sectores” donde ha comenzado y cuáles son las tareas específicas que esa fracción puede asumir, entonces. Por ejemplo, el Partido Comunista ha caracterizado el ciclo post-dictatorial como aquél en que se contraponen los conceptos de democracia y neoliberalismo, de tal forma que solo a través de una expansión de la primera es posible erradicar la fase actual del capitalismo en Chile. Más allá de lo errado de caracterizar así las disputas que se dan en el capitalismo, se ofrece una dirección, un camino por el cual avanzar, de tal forma que no puede afirmarse que las movidas seguidas por dicha organización no calcen directamente con su lectura de la sociedad chilena.

Entonces, la tarea inicial, consiste en explicar seria y detalladamente cuál es la fracción de la clase obrera que actualmente se moviliza políticamente, a qué necesidad histórica responde en cuanto potencia, cuál es su capacidad de articular a otras franjas de la clase, qué tareas políticas podrían constituir el límite de este fragmento, por qué cierta discursividad (en específico la frenteamplista) la interpreta de mejor forma que la desarrollada por la IR.

Démonos cuenta de algo superlativamente importante: finalmente de quienes estamos hablando es de nosotros mismos, lo que necesitamos hacer es explicar nuestra propia existencia como sujetos políticos. Entender nuestras potencias y nuestras limitaciones materiales, de lo contrario, todos los llamados a crear espacios de poder popular van a seguir siendo voluntaristas, anodinos e insignificantes en el teatro contemporáneo.

III

Otro elemento que explica nuestro estancamiento es el exacerbado y vehemente dogmatismo. Implícitamente la IR intenta elaborar sus reflexiones y discusiones en el lenguaje político de los revolucionarios (y sus procesos) del siglo pasado. De lo anterior se sigue que se mire con desconfianza cualquier intento de innovar en las caracterizaciones del capitalismo, del período o de las formas políticas que se puedan ofrecer.

A los llamados a la acción unitaria, se responde con que la única forma de que ésta se concrete es a través del Partido; a cualquier remezón político que se vivencie en el país, se le encarga el mote de crisis; cualquier caracterización de la clase obrera que no corresponda a la población industrial o terciaria fuertemente precarizada, es revisionista; cualquier táctica que mire a la participación estatal a través de elecciones, es reformista. Así, suma y sigue.

En La Odisea hay un pasaje muy ilustrativo de nuestra situación actual. Corresponde a la estadía de Ulises y su tripulación en la isla de los lotófagos. Los habitantes de este territorio se caracterizan por ingerir el loto, planta que causa la pérdida absoluta de la memoria, borrando los recuerdos de la vida pasada. La vastedad del olvido al que se someten los errantes griegos termina por resignarlos a que su único propósito en la isla consista en seguir consumiendo la adictiva planta. La analogía nos refleja a la perfección. Embebidos en nuestros debates, en nuestra inconmensurable erudición de la revolución rusa, de la guerra civil española, de la revolución cubana, del MIR, del FPMR, entre otros, nos hace olvidar el presente. Nuestro objetivo consiste en seguir consumiendo más y más conocimiento respecto a dichos procesos (lo que en sí no está mal), al punto que extrapolamos sus fórmulas al presente, creyendo que con eso estamos realizando acciones políticas. Así, a diferencia de los griegos, no nos olvidamos de nuestro pasado en Ítaca, lo que terminamos haciendo es obliterar el presente y el futuro. Así nos encerramos en una isla, donde todos los sucesos nos pasan por encima y donde estamos condenados a no hacerle sentido a nadie más que a otros consumidores modernos del loto.

Que no se mal entienda, lo que se critica acá no es el estudio de los clásicos del pensamiento revolucionario, nada más alejado de las intenciones de quien escribe este texto. El problema consiste en que nos hemos vuelto una izquierda que, ante cualquier situación nueva que se nos presente, indaga en algún concepto elaborado por algún militante pasado para dar cuentas de su coyuntura. Somos, más que una izquierda revolucionaria, una izquierda del concepto.

Nuestras bibliotecas están repletas de libros marxistas, de tal forma que sus páginas nos hacen olvidar que precisamente nuestra tradición política nació y se nutrió en el debate con tendencias políticas de toda índole. Es probable que pocas sean las personas que lean a autores socialdemócratas o de derecha que sean de notoriedad actualmente. El problema ante esto es doble: primero, dado que los últimos son quienes manejan el debate actualmente, nos autoexcluimos inmediatamente del mismo, repitiendo nuestras consabidas proclamas doctrinarias; así no participamos de la esfera pública, por mucho que publiquemos cientas y cientas de letras en internet. Segundo, dado que no entendemos qué es lo que el enemigo político está utilizando para nutrir su acción, o tratamos de encuadrarla en un concepto propio o simplemente caemos en la perplejidad y la sorpresa. Y, como bien decía Aristóteles en la Metafísica, la sorpresa no es más que un indicador de la propia ignorancia.

IV

Oh, caballeros la vida es corta…

Si vivimos, vivimos para marchar

sobre la cabeza de los reyes.

Shakespeare, Enrique IV

 

El propósito de este escrito, bajo ninguna circunstancia, era acabar con las pretensiones de existencia de la IR, sino que precisamente impulsarnos a revisar varios de los presupuestos bajo los cuales operamos, intentar abrir un debate para enmendar el camino y seguir trabajando en estos tiempos de recomposición.

Además de las tareas que Javier menciona en su artículo, y aquellas que ya han sido expresadas en el presente documento, quisiera agregar algunas.

1. Elaboración de una táctica con su respectiva fórmula. La necesidad de lo anterior queda plasmado en lo ya escrito, sin embargo, quisiera señalar algunos elementos que de todas formas debiera considerar la táctica:

Una lectura o análisis realizado a partir de la perspectiva de la clase dominante, sus distintas fracciones, sus estrategias de acción, pues solo ello permitirá establecer quienes tienen la iniciativa, que fracciones son más determinantes, en la dirección que se le impone al proceso de lucha de clases.

Una lectura hecha desde la perspectiva, la mirada de los dominados; el proletariado, los asalariados, el campesinado, las clases medias, las clases populares, a partir de sus “luchas reales”, de sus procesos objetivos de formación, desplazamiento, confrontación de fuerzas en relación al resto de la sociedad.

Solo esto nos permitirá conocer y hacer observables sus grados de heteronomía y fragmentación (determinación externa de sus formas de reflexión, acción y organización) y sus grados de autonomía, autodeterminación, autoconstrucción y auto organización.

Nos permitirá ver si son las clases dominantes o los dominados, los que tienen la iniciativa y capacidad de determinación en el desenvolvimiento de la lucha de clases.

La lectura de los que aspiran a trascender, subvertir el orden social capitalista existente, solo opera a partir del conocimiento tanto como de las formas reales de desplazamiento y confrontación de los de arriba y de los de abajo, puesto que la estrategia y la dirección revolucionaria, o de “otro mundo posible” o de “un nuevo orden social no clasista”, presupone el conocimiento de los dos anteriores y su orientación persistente y consecuente hacia el desarme de la clase dominante y el armamento moral, político y material del pueblo.

Esto nos permitirá observar si existe o no una crisis del conocimiento dominante y la emergencia de una conciencia crítica en el sujeto social, pasible de fundar una política y una dirección revolucionaria, que sea capaz de articularse con la estrategia objetiva de las masas en acción, esto es con las luchas sociales reales.

A su vez, todas estas lecturas deben decantar en una fórmula política sencilla, capaz de ser transmitida y entendida sin ninguna dificultad por la militancia y la subjetividad de base.

2. Dar los primeros pasos a un referente de masas. Como hemos mencionado más arriba, la acción unitaria de las fuerzas políticas de la IR se ha pensado únicamente bajo la forma partidaria. Pero basta mirar a nuestros adversarios políticos para dar cuenta que no es necesaria dicha forma, en el sentido tradicional en que se entiende, para ser un intelectual orgánico de un determinado fragmento social. Traducido a nivel político, hoy la organización tiene a darse a través de frentes, por lo cual, obviar esta dimensión sigue siendo miope. Las formas en que se de este proceso, el trabajo que sirva de base para sustentarlo y las definiciones mínimas que lo hagan posible deben ser las discusiones que nos entretengan en este verano. Es indispensable lo anterior, puesto que debemos ser capaces de mostrar a la mayoría del pueblo chileno que somos capaces de actuar con unidad y sentido.

Acá deslizaré una tesis que desarrollaré en un escrito posterior: Sólo seremos una alternativa para una fuerza social mayoritaria si somos capaces de demostrar responsabilidad histórica al momento de gestionar sus preocupaciones más cotidianas y encausarlas en la lucha más trascendental. Un movimiento político, se convierte en sujeto político revolucionario y en sujeto de conocimiento cuando logra articular una fuerza social que permite que las distintas fracciones y sujetos sociales aporten conocimiento directo e indirecto y que dicha entidad pueda comenzar a construir un conocimiento propio. Este conocimiento propio, distinto del conocimiento dominante, le permite empezar a plantearse con seriedad las tareas vinculadas a intentar otorgar una dirección, una sección a las luchas sociales y políticas.

3. Dar vida a un centro de estudios. Actualmente no tenemos ninguna caracterización de la estructura social chilena que oriente nuestro accionar. No contamos con un estudio serio respecto a las dinámicas de la acumulación capitalista en nuestra unidad nacional. De esto sólo podrá encargarse un grupo de cuadros militantes dedicados casi exclusivamente a esta tarea. Es la tendencia existente en los sectores de la clase dominante en sus diferentes think tanks como en el Frente Amplio a través de sus diversas fundaciones. La forma en que se relacionará el conocimiento científico acá producido con el quehacer político es debate que dejo abierto.

Adorno escribía que “Nada muestra mayor degradación que el tipo de ética o moral que sobrevive en la forma de ideas colectivas aún después de que el Espíritu del Mundo ha dejado de habitarlas”. Esperemos que el Espíritu del Mundo no haya dejado de habitar la idea de una izquierda con intención revolucionaria.

 

Notas

[1] https://www.revistaposiciones.cl/2018/01/10/hipotesis-tacticas-para-discutir-nuestra-situacion/

[2] https://www.revistaposiciones.cl/2017/12/13/la-izquierda-revolucionaria-en-la-casa-de-asterion-fragmentos-de-un-debate/

[3] Iñigo Carrera, Juan: La fragmentación internacional de la subjetividad productiva de la clase obrera.

[4] Ídem.

[5] Ídem

[6] Lukács, Georg: ¿Qué es el marxismo ortodoxo? En su Historia y Consciencia de Clase.

La izquierda revolucionaria en la casa de Asterion: Fragmentos de un debate.

en Debate por

Militando en aquel sector que se ha autodenominado “izquierda revolucionaria” (en adelante IR) he llegado a la convicción de que éste se encuentra atrapado en un laberinto, o, si se prefiere otra imagen, una casa de espejos en la cual es incapaz de ver otra cosa que el reflejo que se le presenta a sus ojos, cayendo y recayendo constantemente sobre sí. Sumariamente se puede decir que en nuestra acción política y en nuestros debates, nos hemos mostrado incapaces de salir de nuestra autoculpable marginalidad. A continuación se ofrecen unas notas que intentan dar cuenta de algunas de las razones que explicarían esta situación, seguidas por proposiciones tendientes a revertir el actual estado de cosas.

I

Uno de los signos más clarificadores de la difícil situación que atraviesa la IR es su precaria elaboración de una táctica política para los diferentes escenarios políticos[1]. Revisando sus publicaciones es difícil dar con una fórmula que sirva de síntesis orientadora y coherente de un quehacer político que se ofrece a la comunidad, cayendo muchas veces en el comentario coyuntural de variadas temáticas y ofreciendo salidas que varían desde teorizaciones abstractas hasta meros ideologismos.

Sin embargo, a diferencia de lo que podría desprenderse de estos enunciados, no todo es vacío. Hay organizaciones que ofrecen tácticas para el período actual (o elementos para ello), discuten abiertamente las mismas y las emplean en su práctica política. El problema es la insuficiencia de los elementos que componen dichas elaboraciones, en otras palabras, si bien hay un avance que les hace diferenciarse dentro del mar de orgánicas atomizadas que componen la IR, los fundamentos en que se sostienen las propuestas tácticas son bastante endebles, por lo cual el avance es mínimo.

Para efectos de analizar lo anterior, me concentraré en presentar las elaboraciones tácticas de dos orgánicas de la IR, Trabajadores y Trabajadoras al Poder (en adelante, TP) y La Savia (donde milito), mostrando las deficiencias de las mismas con el afán claro de abrir una discusión, más que desechar las proposiciones de otr-s compañer-s.

TP nos ofrece una caracterización del período que atraviesa el capitalismo a nivel global y local[2]. Nos señala que éste se encontraría en medio de una crisis integral generalizada, que ha obligado a la burguesía a una profundización de la ofensiva del capital contra el trabajo. En este contexto, se libra una confrontación interimperialista entre dos grandes bloques que se expresa en guerras de baja intensidad que han asolado a diferentes pueblos del planeta, lo anterior con el fin de mejorar sus condiciones en el proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital.

En el marco nacional, esta profunda crisis se entroncaría con una crisis de legitimidad de los poderosos expresada en “el comienzo y desarrollo de un movimiento de trascendencia histórica en la lucha de clases, que revela en su seno la maduración de contradicciones incurables, que se expresan en la agudización de la lucha de clases, la crítica a la cultura tradicional dominante, la desafección de las masas de los partidos tradicionales, el agotamiento del pacto de dominación, la aparición de nuevos partidos que luchan por conservar el modelo y un alza sostenida en la lucha de masas cada vez más relevante en número y contenido, cuya manifestación concreta es que “lo viejo no muere y lo nuevo no puede todavía nacer”[3].

De ahí l-s compañer-s deducen que la tarea política del período sería “la lucha contra los pilares, contra estos pilares, contra las AFP, contra el plan laboral, contra las ISAPRES, contra la educación de mercado, etc. Y ¿Cuál es la razón?, porque la vía más directa a la desestabilización, hacia la profundización de la crisis de legitimidad y su transformación en crisis de gobernabilidad, precisamente es atacar a los elementos constitutivos fundamentales de este sistema económico, político y militar”[4]

El abordaje crítico a esta proposición podría iniciarse de diversas formas, como el hecho de que la caracterización de la crisis del capitalismo es del todo insuficiente, ya que solo se basa en una obviedad (hay un amplio debate entre las escuelas marxistas respecto a la caracterización de los factores que inciden en la crisis); también podría presentarse el salto lógico que se realiza al entroncar la crisis general del capitalismo con la así llamada crisis de legitimidad; finalmente, también se podría dinamitar la conclusión respecto a los así llamados pilares del sistema, los cuales nunca son explicados con profundidad más allá de su enunciación. No obstante, prefiero dirigir mis flechas al concepto más deficiente que es presentada por esta organización: crisis de legitimidad, ya que es la pieza fundamental desde donde sacan sus conclusiones.

Más allá de lo dudoso de incluir un concepto de raigambre weberiana en un análisis que no se cansa de escupir al cielo su marxismo, cabe hacer las siguientes precisiones:

  • “Crisis de legitimidad de los poderosos”: Es tan ambigua esta formulación que da a entender que quienes sufren de ella son los poderosos en cuanto que personas. O sea, serían los humanos de carne y hueso detrás de las instituciones y no estas mismas quienes perderían seguidores. Es decir, que el problema sería la burguesía corporizada y sus testaferros políticos más que la institucionalidad misma.
  • A pesar de lo defectuoso de la formulación y lo débil que quedaría su argumento si el punto anterior fuera así, por principio de caridad argumentativa, señalaremos que no es esto a lo que se refieren l-s compañer-s, sino que a la institucionalidad que rige en Chile desde la Dictadura, esto es, el Estado de Derecho y los así llamados “pilares del modelo”.
  • Los signos que ven como característicos de la crisis serían los enunciados más arriba, por lo cual cabe preguntarse cómo miden las afirmaciones que vierten en sus escritos: ¿a partir las encuestas?[5] Sería temerario seguir basando la política en ellas, basta mirar el desastre de la DC; ¿a partir de la abstención en los procesos electorales?[6] Nadie ha podido dar una explicación científicamente comprobable de los motivos de lo anterior, en especial por la heterogeneidad social de quienes se abstienen; ¿del aumento de la movilización de masas? ¡Pero si cualquier liberal de bajo pelaje respondería que eso no es más que muestra de la solidez de una democracia y de su proceso de modernización!; ¿de la creación de coordinadoras que aglutinan a una fuerza importante de la población descontenta? Dudoso, ya que esas coordinadoras nunca se han planteado como un poder alternativo a la institucionalidad actual, además de estar viviendo serios problemas de desmovilización (Confech), división (Ni una menos), revisión política (NO+AFP), inexistencia (Movimiento Socioambiental a nivel nacional) o difícil nacimiento (MSPT); ¿de un cambio en la cultura de las masas, que se propone una agenda más progresista en diversas temáticas? Precisamente donde se asienta la realización de esas demandas es en el seno estatal; ¿del aumento de casos de corrupción en la política o instituciones como carabineros? Efectivamente es apreciable un rechazo a estas situaciones, empero, la reacción ante esos casos ha sido considerablemente difusa, esperando a que sea precisamente la institucionalidad la que resuelva eso casos, es decir, el poder judicial.
  • A partir de lo último se puede profundizar aún más la crítica: Hoy en día ninguna movilización de masas ha cuestionado la institucionalidad estatal como lugar donde se elaboran las decisiones para la generalidad de la sociedad. El único caso donde se podría- forzadamente a mi parecer- apreciar esa tendencia es en las luchas mapuche, pero deducir que únicamente de ese conflicto histórico se derivan las tendencias que TP intenta explicar es un salto al vacío argumentativo. Para ponerlo en positivo: a pesar de la abstención, el sistema democrático representativo sigue siendo el lugar privilegiado de la política; nadie ha sostenido que el Congreso no sea el espacio donde se dicten las normas generales para el país; nadie ha cuestionado el rol del Poder Judicial como entidad que resuelve conflictos de interés. Suma y sigue.
  • A lo anterior se podría replicar señalando que eso ocurre únicamente si abordamos la esfera estatal, lo que no ocurriría en los así llamados pilares del modelo, donde se expresaría un serio rechazo a que la impartición de servicios sociales sea por parte de privados. Sí y no. Sí, solamente en el caso de NO+AFP. No en educación, salud, medio ambiente. Ni siquiera se ha elaborado un programa político que efectivamente asegure una desmercantilización de la seguridad social. Para qué hablar de que ni siquiera hay consenso respecto a lo que esto último significa.
  • Refutado el rendimiento del concepto en cuanto a expresiones objetivas, a TP le queda una sola salida, a saber, argumentar que la crisis se expresa en un estado subjetivo de las masas. Dirán que nadie puede negar la desafección, la baja identificación con los partidos de la clase dominante, que existe un malestar explícito en lo social. El problema de este desvío es que conduce a ninguna parte, ya que, por ejemplo, ese desencanto se puede expresar precisamente en la conformación de nuevos conglomerados (de izquierda y derecha) que busquen dirigir la voluntad popular, como lo es el Frente Amplio, respecto al cual prematuramente esta organización afirmó que estaba en crisis[7].

Quitada la pieza esencial, todo el edificio teórico y práctico de TP se desmorona.

Nuestra orgánica, menos ambiciosa en la caracterización del período, lo que a su vez la vuelve más parcial, parte reconociendo el mismo fenómeno de crisis de legitimidad; sin embargo, de inmediato se encarga de aclarar que no es un concepto central para su política: “Se trata de que, dicho muy simplemente, la situación de pérdida de legitimidad social y política de quienes dominan no se traduce en una crisis de reproducción social de su poder e influencia. Es decir, sigue la explotación laboral, la dominación y destrucción de las condiciones básicas para la vida. No hay crisis de hegemonía. No hay fuerza capaz de disputar a las clases y grupos dominantes la dirección política de la sociedad.”[9]

Desde esta constatación ofrecemos dos proposiciones concretas para la acción, las cuales se resumen en los siguientes enunciados: a) impulsar el desarrollo político del pueblo trabajador, entendida como una profundización de los conflictos sociales, a saber, “hay que profundizarlos, no dejar que sigan su curso espontáneo, sino dotarlos de perspectiva. Apostar a que la deslegitimación de las fuerzas y organizaciones dominantes se profundice, pero al mismo tiempo apropiando esa situación a favor del pueblo trabajador”[10]; b) fortalecer el entramado político-social de organización: “Se trata de construir contrapoderes, fuerza propia, pero en disposición de disputa, conflicto, movilización. Si no se le entrega densidad a la organización político-social, no importa que existan partidos, pactos electorales o coordinadoras con muchas cosas claras, devienen impotentes de igual modo. No se orientan por el criterio del poder o se promueve, aunque no se explicite, sustituir la acción política del pueblo trabajador”[11]. En este aspecto se ven tres espacios a partir de los cuales se dota de musculatura la organización popular: organizaciones políticas, espacios de articulación social y frentes sectoriales. Estos últimos permitirían i) crear espacios de convergencia de la izquierda, ii) crear y asumir elementos reivindicativo-programáticos mínimos para el periodo, iii) orientar por un plan de lucha y movilización y iv) generar vocación de disputa y capacidad de interpelación.

Finalmente, una síntesis de dicha política consistiría en: “conformar una corriente por el poder del pueblo trabajador. Recomponer sus fuerzas y/o, en algunos casos, construirlas, hacerlas incidir, superar la marginalidad política. Un primer paso para generar las condiciones de emergencia de un bloque histórico de fuerzas revolucionarias que tenga la capacidad de sostener en el tiempo una crisis de hegemonía de las clases y sectores dominantes, tener la capacidad de superar la acción de resistencias y poder disputar efectivamente en el mediano plazo la dirección política de la sociedad. Ese sería un punto de llegada, un objetivo táctico, para ello hay que trabajar. En términos prácticos se podría sintetizar también así: ¡tenemos que hablar a la sociedad, abrir paso al protagonismo del pueblo trabajador!”[12]

Esta línea política, a diferencia de la anterior, asume que la crisis de hegemonía no se produce únicamente por una pérdida de la dirección por parte de los sectores en el poder, sino que se vuelve concreta al momento en que surge una organización popular fortalecida con capacidad de interpelar y dotarse de un programa político, lo que significa un avance respecto a la propuesta anteriormente analizada. Pese a lo mencionado contiene serios problemas políticos que es necesario enfatizar.

  • En este escrito se identifica la necesidad de una táctica, mas en ningún momento se formula alguna. Se hace el clásico llamado de la izquierda del siglo pasado a “crear poder popular”, pero con un lenguaje acomodado al contexto histórico del presente siglo. Digámoslo en simple: el fortalecimiento de los ámbitos organizativos obreros de la sociedad civil es una necesidad política que nunca podrá obviarse, pero a ese imperativo político no puede llamársele táctica, precisamente. Podría serlo, aunque de forma muy precaria, el hecho de hacer un desglose analítico de cómo se entiende el fortalecimiento al cual se hace alusión, sin embargo, sigue constituyendo una vaguedad por lo que analizaremos en los siguientes puntos.
  • Esta formulación, en lo que es deficiente respecto a lo que expone TP, es que nunca ofrece un punto de ruptura, es decir, nos ofrece una acumulación de fuerzas hasta el infinito, de manera que en algún momento, Marx sabrá cuándo, la organización popular tendrá la iniciativa y el empoderamiento suficiente como para hacerle frente al Estado, entendido en su sentido más amplio. Y es acá donde la respuesta dogmática con que se responde a este cuestionamiento consiste en hacer alusión a la vieja discusión respecto a la dualidad de poderes, matizada por una orientación que entrega un papel preponderante a la espontaneidad de las masas. El problema es que, al no existir un horizonte claro al cual se desea arribar, se pierde un criterio de corrección para saber si efectivamente las fuerzas están avanzando en su proceso de fortalecimiento, o es solo aparente. Se escamotea a partir de lo anterior la necesidad que deben tener las organizaciones políticas de dar una claridad, una brújula, a las masas.
  • Otro elemento crítico que se deriva de lo anterior es que no ofrece un quehacer respecto a situaciones de reflujo o división que se experimentan cotidianamente en los nacientes frentes sectoriales. Un ejemplo claro de esto es lo que pasó en la CNT No+AFP, donde finalmente, derivada de la falta de claridad respecto a lo que estamos evaluando, las salidas prevalecientes provinieron por parte de los sectores que tienen perspectivas contrarias o diferentes a las propugnadas por la IR. De ahí que ésta no pueda esgrimir otra salida que la unidad de los frentes, sin salir de la estrechez propia de dicha proclama.
  • Por último, tampoco se hace cargo de responder a las iniciativas que postulan otras fuerzas, por ejemplo, el Frente Amplio. Ahora que desde ahí se ha obtenido una importante representación en la cámara de diputados, ¿qué postula la IR ante el peligro de que las discusiones de los frentes sectoriales se desplacen al Congreso? ¿Cómo se defenderá la necesaria autonomía de los mismos? ¿Cuál será la necesidad de seguir impulsando a los mismos, si toda su creatividad política será fagocitada por fuerzas que tienen una clara estrategia institucional en desmedro de la sociedad civil? Preguntas ante las cuales sólo se ha ofrecido un silencio o alguna que otra alocución en redes sociales por parte de militantes aislados, los que nos demuestra que existe un déficit al momento de traducir los análisis políticos en líneas tácticas para una coyuntura.

Como se aprecia, pese a que existe una reflexión más o menos seria respecto a la necesidad de una táctica política, las formulaciones concretas no son en absoluto suficientes para hacerse cargo de los desafíos del presente político. Para crear laberintos no hace falta muros reales, acá solo basta con las confusiones mentales.

 

*Este es el primero de un conjunto de cuatro artículos dedicados al problema de la táctica de la izquierda revolucionaria. Pronto publicaremos las próximas entregas. 

NOTAS

[1] No hablaré de estrategia, a pesar de que material y lógicamente debería ser un tema anterior, ya que la situación es aún más lamentable.

[2] Ver las siguientes notas: https://unicasolucionrevolucion.wordpress.com/2017/03/19/tp-sipona-periodo-y-tactica-de-trabajadores-al-poder/#more-158 y https://unicasolucionrevolucion.wordpress.com/2017/10/27/cordinadora-noafp-entre-la-lucha-y-la-conciliacion/#more-643

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] De hecho, en esta nota se basan en la cuestionada encuesta Cadem: https://unicasolucionrevolucion.wordpress.com/2017/03/19/tp-sipona-periodo-y-tactica-de-trabajadores-al-poder/#more-158

[6] Cabe destacar que TP hizo un llamado explícito a lo que llamaron la “abstención activa”: https://unicasolucionrevolucion.wordpress.com/2017/10/24/tp-yomeabstengo-accion-de-agitacion-y-propaganda/#more-569

[7] https://unicasolucionrevolucion.wordpress.com/2017/04/07/frente-amplio-crisis-y-decadencia/

[8] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=224074

[9]  Ídem.

[10] Ídem.

[11] Ídem.

[12] Ídem.

Ir al INICIO
Saltar a la barra de herramientas