Los espejos del laberinto Continuación de "La casa de Asterión"

en Debate por

La reciente publicación en esta revista de un artículo de mi compañero de organización, Javier Zúñiga, invitando a realizar un debate fraterno, humilde, pero sin abandonar la crítica demoledora, me ha hecho considerar que se vuelve necesaria la terminación de este documento dando cuentas de las deficiencias de la IR con el fin ya anunciado de contribuir a salir de nuestra situación de estancamiento político[1][2].

II

En el texto de Javier encontramos una constante apelación al “pueblo trabajador”, concepto homologable al de “clase obrera”, toda vez que el autor no sugiere una diferenciación o algún matiz que permitiera no realizar esta operación. Lo problemático de lo anterior es que, así sin más, reproduce el entendimiento de la clase obrera como una totalidad abstracta y homogénea. Son escasos los ejemplos en los que este sector de la izquierda puede dar cuenta de una concreción política e histórica de la “clase” más allá de fenómenos aislados. Se suele señalar que ésta se expresa en los diferentes movimientos sociales, ya sea en el estudiantil o el mapuche; se habla de ampliar su base dentro de lo ya existente, no obstante, aún el término parece inasible. Algo hay en la utilización mántrica del ruido “clase obrera” o “pueblo trabajador” que una vez enunciado se nos presenta con claridad, pero a la vez se disuelve en el horizonte, se nos escapa, cual fatamorgana.

Sin entrar en la discusión filosófica o sociológica que podría distraernos del problema principal, quisiera señalar por qué lo anterior me parece sumamente cuestionable, al punto de hacernos girar constantemente sobre lo mismo.

Si bien la tendencia hacia la socialización del trabajo dentro del modo de producción capitalista se evidencia como un proceso ininterrumpido, la contracara de esto consiste en que dicha socialización se expresa a partir de una fragmentación de la clase obrera y de su subjetividad productiva. Una revisión esquemática, pero exhaustiva, nos da cuenta que, en principio, en la actualidad la clase obrera se divide (tanto internacional como nacionalmente) en:

  1. Aquellos operarios del sistema de la maquinaria que degrada la subjetividad productiva del obrero que adquiere y aplica su pericia manual en el proceso directo de producción. Acá el trabajador se encuentra encerrado en la repetición constante de un trabajo cada vez más simple. Cabe recordar que “con cada salto adelante que pega el capital en el proceso de apropiarse de las fuerzas naturales, es decir, con cada salto adelante dado por la capacidad productiva del trabajo mediante el desarrollo de la maquinaria, el capital saca del proceso directo de producción a masas enteras de este tipo de obrero”[4].
  2. La población obrera sobrante para las necesidades del capital. A su vez, ésta se divide en flotante, latente, estancada y consolidada.
  3. “En tercer lugar, el capital necesita desarrollar la subjetividad productiva de la porción de la clase obrera cuya participación en el obrero colectivo corresponde al desarrollo de la capacidad de éste para avanzar en el control universal de las fuerzas naturales y en el control consciente del propio carácter colectivo de su trabajo. No basta para desarrollar esta subjetividad con su mero ejercicio en el proceso de producción mismo. La conciencia productiva que rige la actividad del obrero colectivo del sistema de la maquinaria interviene en el proceso directo de producción como un atributo objetivado en la maquinaria y, por lo tanto, como el producto ella misma de una conciencia científica”[5].

Lo anterior, que es un esquema descriptivo de las tendencias del capital en cuanto relación social general, se complejiza aún más si lo que intentamos es dar cuenta de las especificidades propias de los fragmentos de la clase obrera que están insertos dentro de una unidad nacional. Ese proceso al que llamamos Historia, juega un papel importantísimo en lo señalado.

El punto, como se anticipó, no consiste en abrir una discusión respecto a qué es la clase obrera ni cuáles son sus características. Lo que queremos demostrar es que no existe en estado “puro”, que no es otra forma de decir que no se manifiesta como una unidad indiferenciada. Lukács lo expresa de manera ejemplar, ilustrando las consecuencias: “Pero tampoco hay que olvidar que todo intento de preservar ese ‘objetivo final’ o ‘esencia’ del proletariado, etc., pura de toda mancha producida en y por la relación con la existencia (capitalista) lleva en última instancia a la misma lejanía respecto de la captación de la realidad, respecto de la ‘actividad práctico-crítica’, y a la misma dualidad utópica de sujeto y objeto, de teoría y práctica, a la que ha conducido el revisionismo”[6].

Recapitulando, “el pueblo trabajador”, la “clase obrera” no se nos presenta en la experiencia cotidiana como una unidad. Avancemos.

En su texto, Javier menciona que se ha abierto un “espacio anticapitalista”. Más allá de hablar sobre la veracidad del enunciado, nos entrampamos en el hecho de que su mera enunciación no es capaz de dar cuentas respecto a qué necesidad histórica se está expresando. Es la dificultad en la que cae no tan solo la IR, sino que la mayor parte de las lecturas sociológicas y políticas del período en el que vivimos. Con esto quiero señalar algo bastante concreto, siguiendo el razonamiento que hemos esbozado hasta el momento: no entendemos qué fragmento de la clase obrera se está movilizando, por qué esa actividad comienza en los “espacios” o “sectores” donde ha comenzado y cuáles son las tareas específicas que esa fracción puede asumir, entonces. Por ejemplo, el Partido Comunista ha caracterizado el ciclo post-dictatorial como aquél en que se contraponen los conceptos de democracia y neoliberalismo, de tal forma que solo a través de una expansión de la primera es posible erradicar la fase actual del capitalismo en Chile. Más allá de lo errado de caracterizar así las disputas que se dan en el capitalismo, se ofrece una dirección, un camino por el cual avanzar, de tal forma que no puede afirmarse que las movidas seguidas por dicha organización no calcen directamente con su lectura de la sociedad chilena.

Entonces, la tarea inicial, consiste en explicar seria y detalladamente cuál es la fracción de la clase obrera que actualmente se moviliza políticamente, a qué necesidad histórica responde en cuanto potencia, cuál es su capacidad de articular a otras franjas de la clase, qué tareas políticas podrían constituir el límite de este fragmento, por qué cierta discursividad (en específico la frenteamplista) la interpreta de mejor forma que la desarrollada por la IR.

Démonos cuenta de algo superlativamente importante: finalmente de quienes estamos hablando es de nosotros mismos, lo que necesitamos hacer es explicar nuestra propia existencia como sujetos políticos. Entender nuestras potencias y nuestras limitaciones materiales, de lo contrario, todos los llamados a crear espacios de poder popular van a seguir siendo voluntaristas, anodinos e insignificantes en el teatro contemporáneo.

III

Otro elemento que explica nuestro estancamiento es el exacerbado y vehemente dogmatismo. Implícitamente la IR intenta elaborar sus reflexiones y discusiones en el lenguaje político de los revolucionarios (y sus procesos) del siglo pasado. De lo anterior se sigue que se mire con desconfianza cualquier intento de innovar en las caracterizaciones del capitalismo, del período o de las formas políticas que se puedan ofrecer.

A los llamados a la acción unitaria, se responde con que la única forma de que ésta se concrete es a través del Partido; a cualquier remezón político que se vivencie en el país, se le encarga el mote de crisis; cualquier caracterización de la clase obrera que no corresponda a la población industrial o terciaria fuertemente precarizada, es revisionista; cualquier táctica que mire a la participación estatal a través de elecciones, es reformista. Así, suma y sigue.

En La Odisea hay un pasaje muy ilustrativo de nuestra situación actual. Corresponde a la estadía de Ulises y su tripulación en la isla de los lotófagos. Los habitantes de este territorio se caracterizan por ingerir el loto, planta que causa la pérdida absoluta de la memoria, borrando los recuerdos de la vida pasada. La vastedad del olvido al que se someten los errantes griegos termina por resignarlos a que su único propósito en la isla consista en seguir consumiendo la adictiva planta. La analogía nos refleja a la perfección. Embebidos en nuestros debates, en nuestra inconmensurable erudición de la revolución rusa, de la guerra civil española, de la revolución cubana, del MIR, del FPMR, entre otros, nos hace olvidar el presente. Nuestro objetivo consiste en seguir consumiendo más y más conocimiento respecto a dichos procesos (lo que en sí no está mal), al punto que extrapolamos sus fórmulas al presente, creyendo que con eso estamos realizando acciones políticas. Así, a diferencia de los griegos, no nos olvidamos de nuestro pasado en Ítaca, lo que terminamos haciendo es obliterar el presente y el futuro. Así nos encerramos en una isla, donde todos los sucesos nos pasan por encima y donde estamos condenados a no hacerle sentido a nadie más que a otros consumidores modernos del loto.

Que no se mal entienda, lo que se critica acá no es el estudio de los clásicos del pensamiento revolucionario, nada más alejado de las intenciones de quien escribe este texto. El problema consiste en que nos hemos vuelto una izquierda que, ante cualquier situación nueva que se nos presente, indaga en algún concepto elaborado por algún militante pasado para dar cuentas de su coyuntura. Somos, más que una izquierda revolucionaria, una izquierda del concepto.

Nuestras bibliotecas están repletas de libros marxistas, de tal forma que sus páginas nos hacen olvidar que precisamente nuestra tradición política nació y se nutrió en el debate con tendencias políticas de toda índole. Es probable que pocas sean las personas que lean a autores socialdemócratas o de derecha que sean de notoriedad actualmente. El problema ante esto es doble: primero, dado que los últimos son quienes manejan el debate actualmente, nos autoexcluimos inmediatamente del mismo, repitiendo nuestras consabidas proclamas doctrinarias; así no participamos de la esfera pública, por mucho que publiquemos cientas y cientas de letras en internet. Segundo, dado que no entendemos qué es lo que el enemigo político está utilizando para nutrir su acción, o tratamos de encuadrarla en un concepto propio o simplemente caemos en la perplejidad y la sorpresa. Y, como bien decía Aristóteles en la Metafísica, la sorpresa no es más que un indicador de la propia ignorancia.

IV

Oh, caballeros la vida es corta…

Si vivimos, vivimos para marchar

sobre la cabeza de los reyes.

Shakespeare, Enrique IV

 

El propósito de este escrito, bajo ninguna circunstancia, era acabar con las pretensiones de existencia de la IR, sino que precisamente impulsarnos a revisar varios de los presupuestos bajo los cuales operamos, intentar abrir un debate para enmendar el camino y seguir trabajando en estos tiempos de recomposición.

Además de las tareas que Javier menciona en su artículo, y aquellas que ya han sido expresadas en el presente documento, quisiera agregar algunas.

1. Elaboración de una táctica con su respectiva fórmula. La necesidad de lo anterior queda plasmado en lo ya escrito, sin embargo, quisiera señalar algunos elementos que de todas formas debiera considerar la táctica:

Una lectura o análisis realizado a partir de la perspectiva de la clase dominante, sus distintas fracciones, sus estrategias de acción, pues solo ello permitirá establecer quienes tienen la iniciativa, que fracciones son más determinantes, en la dirección que se le impone al proceso de lucha de clases.

Una lectura hecha desde la perspectiva, la mirada de los dominados; el proletariado, los asalariados, el campesinado, las clases medias, las clases populares, a partir de sus “luchas reales”, de sus procesos objetivos de formación, desplazamiento, confrontación de fuerzas en relación al resto de la sociedad.

Solo esto nos permitirá conocer y hacer observables sus grados de heteronomía y fragmentación (determinación externa de sus formas de reflexión, acción y organización) y sus grados de autonomía, autodeterminación, autoconstrucción y auto organización.

Nos permitirá ver si son las clases dominantes o los dominados, los que tienen la iniciativa y capacidad de determinación en el desenvolvimiento de la lucha de clases.

La lectura de los que aspiran a trascender, subvertir el orden social capitalista existente, solo opera a partir del conocimiento tanto como de las formas reales de desplazamiento y confrontación de los de arriba y de los de abajo, puesto que la estrategia y la dirección revolucionaria, o de “otro mundo posible” o de “un nuevo orden social no clasista”, presupone el conocimiento de los dos anteriores y su orientación persistente y consecuente hacia el desarme de la clase dominante y el armamento moral, político y material del pueblo.

Esto nos permitirá observar si existe o no una crisis del conocimiento dominante y la emergencia de una conciencia crítica en el sujeto social, pasible de fundar una política y una dirección revolucionaria, que sea capaz de articularse con la estrategia objetiva de las masas en acción, esto es con las luchas sociales reales.

A su vez, todas estas lecturas deben decantar en una fórmula política sencilla, capaz de ser transmitida y entendida sin ninguna dificultad por la militancia y la subjetividad de base.

2. Dar los primeros pasos a un referente de masas. Como hemos mencionado más arriba, la acción unitaria de las fuerzas políticas de la IR se ha pensado únicamente bajo la forma partidaria. Pero basta mirar a nuestros adversarios políticos para dar cuenta que no es necesaria dicha forma, en el sentido tradicional en que se entiende, para ser un intelectual orgánico de un determinado fragmento social. Traducido a nivel político, hoy la organización tiene a darse a través de frentes, por lo cual, obviar esta dimensión sigue siendo miope. Las formas en que se de este proceso, el trabajo que sirva de base para sustentarlo y las definiciones mínimas que lo hagan posible deben ser las discusiones que nos entretengan en este verano. Es indispensable lo anterior, puesto que debemos ser capaces de mostrar a la mayoría del pueblo chileno que somos capaces de actuar con unidad y sentido.

Acá deslizaré una tesis que desarrollaré en un escrito posterior: Sólo seremos una alternativa para una fuerza social mayoritaria si somos capaces de demostrar responsabilidad histórica al momento de gestionar sus preocupaciones más cotidianas y encausarlas en la lucha más trascendental. Un movimiento político, se convierte en sujeto político revolucionario y en sujeto de conocimiento cuando logra articular una fuerza social que permite que las distintas fracciones y sujetos sociales aporten conocimiento directo e indirecto y que dicha entidad pueda comenzar a construir un conocimiento propio. Este conocimiento propio, distinto del conocimiento dominante, le permite empezar a plantearse con seriedad las tareas vinculadas a intentar otorgar una dirección, una sección a las luchas sociales y políticas.

3. Dar vida a un centro de estudios. Actualmente no tenemos ninguna caracterización de la estructura social chilena que oriente nuestro accionar. No contamos con un estudio serio respecto a las dinámicas de la acumulación capitalista en nuestra unidad nacional. De esto sólo podrá encargarse un grupo de cuadros militantes dedicados casi exclusivamente a esta tarea. Es la tendencia existente en los sectores de la clase dominante en sus diferentes think tanks como en el Frente Amplio a través de sus diversas fundaciones. La forma en que se relacionará el conocimiento científico acá producido con el quehacer político es debate que dejo abierto.

Adorno escribía que “Nada muestra mayor degradación que el tipo de ética o moral que sobrevive en la forma de ideas colectivas aún después de que el Espíritu del Mundo ha dejado de habitarlas”. Esperemos que el Espíritu del Mundo no haya dejado de habitar la idea de una izquierda con intención revolucionaria.

 

Notas

[1] https://www.revistaposiciones.cl/2018/01/10/hipotesis-tacticas-para-discutir-nuestra-situacion/

[2] https://www.revistaposiciones.cl/2017/12/13/la-izquierda-revolucionaria-en-la-casa-de-asterion-fragmentos-de-un-debate/

[3] Iñigo Carrera, Juan: La fragmentación internacional de la subjetividad productiva de la clase obrera.

[4] Ídem.

[5] Ídem

[6] Lukács, Georg: ¿Qué es el marxismo ortodoxo? En su Historia y Consciencia de Clase.

Agregar un comentario

Your email address will not be published.

*

Lo último de Debate

Ir al INICIO
Saltar a la barra de herramientas