George Inness, Sunset at Etretat (1875)

Clase y vida cotidiana: sobre las potencias políticas del feminismo en Chile

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Este texto corresponde a una presentación realizada en el marco de los 47 años desde la nacionalización del cobre en Chile, en un foro llamado “A recuperar nuestros bienes comunes y seguridad social”.

 

Esta exposición intentará mostrar cómo algunas de las formas actuales de acción de la clase trabajadora, particularmente el feminismo como forma de su acción política, resitúan los modos de preguntarnos acerca de su capacidad deliberativa, los campos de su acción e iniciativa y los caminos que habilita una política que pone en el centro de la discusión la forma que asume nuestra vida cotidiana en la actualidad. En relación a ese propósito, intentaremos esbozar los contornos y recorridos de una de las expresiones organizadas del proceso general de movilización nacional feminista que constituye la Coordinadora Feminista 8M. Para llegar a plantear los puntos referidos, comenzaremos socializando la perspectiva que desde dicha Coordinadora hemos podido desarrollar este último tiempo, en que las movilizaciones feministas han abierto nuevas posibilidades, desde su vitalidad y el desborde de las formas tradicionales de actividad de nuestra clase.

El contexto en que emerge la Coordinadora 8 de Marzo y el surgimiento de la consigna contra la precarización de la vida Salir del rol de víctimas para ser oposición activa

Año 2018, asume el gobierno de Sebastián Piñera. Las mujeres feministas, convocadas a pensar un nuevo 8 de marzo, discutimos con respecto al diagnóstico y arribamos a algunas premisas: primero que todo, al reconocimiento de que estamos expuestas de manera permanente a una violencia estructural de las cuales los feminicidios son la expresión más brutal, en un continuo que marca nuestras vidas que están atravesadas, en su diversidad, por esa violencia. En segundo lugar, que la situación en que nos encontramos las mujeres de la clase trabajadora en nuestro país es inseparable de las políticas que nos han convertido en un sector que debe ser atendido focalizadamente, con respuestas fragmentadas, limitadas y que nos relegan a un rol de madres dueñas de hogar que con los años no ha cambiado. En tercer lugar, que a diferencia de esas formas abstractas en que desde el Estado se ha atendido a nuestra realidad, son nuestras vidas las que se ven sometida al apremio de la plata que no alcanza, de una salud y educación precaria y que nos endeuda, de una maternidad que se nos impone como una obligación y en la que nuestro tiempo se reparte entre los malabares para parar la olla y el trabajo en la casa, en una doble jornada extenuante que nos coarta y limita nuestra capacidad de organización.

Ante el arribo del gobierno de Sebastián Piñera y la llegada de Isabel Plá y con ello la UDI al Ministerio de la Mujer, nos planteamos que debíamos levantar una oposición activa que nos permitiera enfrentar sus políticas de administración de la miseria, antiderechos y antimujeres, saliendo del rol de víctimas al que se nos relegó durante estos años y que limitó nuestra capacidad de rebelarnos integralmente contra esta vida. Nos propusimos convocar a una jornada nacional de protesta para ese 8 de marzo, con la intención de inaugurar el año con un gesto político de unidad y transversalidad, enfrentando al gobierno con un feminismo para las mayorías.

La nuestra no se trata, como podría haberlo sido, de una mera reivindicación de la igualdad de género. No es esa una de nuestras premisas. ¿Por qué no? Antes de poder responder a eso, es preciso hacer una breve aclaración: localizar la racionalidad en la emergencia de la consigna, situar las claves que permiten pensar su especificidad, son todos esfuerzos reconstructivos, un ir haciendo memoria que es también hilvanar retazos de cosas, fragmentos de diálogos que no son necesariamente transparentes por sí mismos. Sin embargo podemos, con ese ‘tejido’, esbozar una respuesta: no se trata de la mera reivindicación de la igualdad de género en nuestro territorio porque cuando vemos nuestra vida no hay una masculinidad que nos sirva de modelo al que aspirar. Es la vida de tod-s la que está sumida en la precarización. Si bien nuestra situación atravesada por el género nos ilumina de una forma particular los efectos de esa precarización, nos muestra también que esta no empieza ni termina en nosotras y que nuestra movilización se abre entonces como una posibilidad. ¿De qué? Bueno, básicamente, de poner nuestras vidas en el centro de la política como el problema político que debemos atender. Ahondaremos más en la potencia de eso hacia el final de la exposición.

La transversalidad de la convocatoria y la fuerza internacional de este 8 de marzo

La jornada del 8 de marzo y los días que lo precedieron, en nuestro territorio, estuvieron marcados por la capacidad incipiente de poder articular múltiples sectores y organizaciones que, no siendo necesariamente de mujeres, fueron lideradas por estas en la apertura del año político. Desde organizaciones gremiales y sindicales como colmed, fenpruss, confusam, sintrac y múltiples sindicatos; organizaciones de mujeres trabajadoras migrantes, por la diversidad sexual, de pobladoras y pobladores, diversos espacios estudiantiles como federaciones y secretarías de género, frentes feministas de organizaciones políticas, organizaciones por la defensa de los territorios, múltiples colectivas feministas; todas en conjunto organizamos nuestra articulación reconociendo tres grandes ámbitos en que la consigna era capaz de permitir un reconocimiento de una situación compartida: Racismo y territorio, Trabajo asalariado y pensiones y Derechos sexuales y reproductivos y disidencia sexual. Este ordenamiento nos permitió hacer una síntesis de nuestra diversidad como mujeres trabajadoras, ampliando ese concepto y recuperándolo para nombrarnos en todos los espacios.

Salimos a la calle en una convocatoria masiva y tensionada por dos actos finales que daban cuenta de la emergencia de un nuevo sector en el movimiento feminista. Mientras Bachelet se hacía un homenaje a sí misma en la Moneda saludando su “legado”, unos metros más allá estábamos nosotras, anunciando un desacato, políticamente articulado, a ese relato en que sólo existimos como mujeres-víctimas, afirmándonos como algo más: como una potencia que busca transformar nuestra cotidianidad y, con eso, transformarlo todo.

El 8 de marzo de este año fue una jornada histórica. Durante el día nos enteramos de los otros países en que el sol sale más temprano y nuestro entusiasmo fue creciendo: cinco millones de trabajadorxs parando en España, mareas de mujeres en Argentina marcando la jornada con un grito por el aborto legal, decenas de ciudades movilizadas en EEUU, el centro del Imperio, y cientos de países plegándose al llamado para un paro mundial de mujeres, bajo un relato común: contra la violencia machista, contra la miseria de la vida. Nuestra emergencia no era, entonces, un hecho aislado: éramos parte de una fuerza histórica de carácter mundial.

La necesidad de seguir existiendo, de construir agenda y transversalizar el feminismo en el movimiento social

Luego de este hito que fue el 8 de marzo decidimos seguir sosteniendo el espacio, con miras a preparar una Huelga General Feminista para el próximo año, comprendiendo desde la experiencia internacional las condiciones para un levantamiento masivo de ese tipo. Nos propusimos tres objetivos: transversalizar una perspectiva feminista en el quehacer de los movimientos sociales; ser un agente dinamizador en la articulación entre diversas organizaciones y apuntar hacia la construcción de una agenda común contra la precarización de la vida.

Fue en el marco de esos objetivos que, a comienzos de este año, decidimos sumarnos a la organización del primer Encuentro de Mujeres y Pensiones, puntapié inicial de la Iniciativa Popular de Ley de la Coordinadora No + AFP. Nos hicimos parte para aportar en el momento inaugural de un proceso como ese, participando desde nuestras reflexiones, desde las interrogaciones feministas, en la pregunta por un nuevo sistema de pensiones y desde aquello que nuestra situación, como mujeres, iluminaba sobre ese problema urgente para las trabajadoras y trabajadores, perciban o no un salario.

Fue justo para la realización de ese encuentro que nos llegaron los primeros embates de la ola que se levantó en las universidades y que nos llevó a apurar el tranco.

La jornada nacional de protesta feminista  y la Cuenta Pública Feminista y Popular: nuestra vida como un problema político

La aparición de tomas en diversas universidades y facultades, en Santiago y distintos puntos del país, hicieron avanzar velozmente la discusión feminista en esos espacios. La prensa se dedicó rápidamente a desempeñar una de las funciones que realiza mejor: fragmentarnos. Dando un marco de inteligibilidad acotado al conflicto, hizo aparecer las movilizaciones en las universidades como aisladas del conjunto de las movilizaciones feministas de los últimos años. Recluyó en esos espacios las banderas de lucha y dio pie a la elaboración de un sentido excluyente con respecto a las movilizaciones: que se trataba de luchas de mujeres de elite. Que eran reclamos con respecto a los cuales el resto de las mujeres no podíamos identificarnos. Que la relación que podíamos crear era, entonces, necesariamente exterior, como si fuésemos por entero distintas.

Nos apuramos en convocar a un espacio que nos permitiera pensar conjuntamente, al alero de las movilizaciones feministas estudiantiles, la acción por venir. Nos convocamos en nuestra diversidad para desmitificar esa idea, sostener que este no era un movimiento de una elite privilegiada y para mostrar nuestros puntos de encuentro, nuestras similitudes, nuestros diagnósticos compartidos.

Levantamos una convocatoria a una jornada nacional de protesta feminista, como ensayo de movilización hacia la huelga general y como momento de profundización de nuestro marco político, e hicimos el llamado en conjunto con múltiples organizaciones (entre ellas No + AFP y la Confech). Nos planteamos la posibilidad de enfrentar al gobierno con un relato alternativo, propio, acerca de lo que realmente se pone en juego cuando nuestra vida como mujeres entra a la discusión pública.

Planteamos, en paralelo a los anuncios del gobierno, una Cuenta Pública Feminista Popular. En ella sostuvimos que para dar respuesta a nuestra demanda por transformar la vida que tenemos como mujeres en Chile, necesitábamos terminar con la privatización que dispone los bienes comunes para el enriquecimiento de unos pocos; sumarnos, desde nuestra realidad como mujeres trabajadoras, al trabajo político para terminar con las AFP y reemplazarlas por un sistema solidario y de reparto; dar respuesta a la situación de la vivienda, garantizándola como un derecho mínimo, porque la vida digna parte por tener una casa en la cual vivir; terminar con el sistema privado de salud que consume los recursos públicos y nos deja, a la mayoría, abandonadas y vulnerables, y exigir que ese nuevo sistema de salud pública responda a nuestras necesidades y garantice nuestros derechos sexuales y reproductivos; con ello, demandamos una educación sexual, laica, para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto libre, legal, para no morir; una educación pública y no sexista; el cese de la militarización del wallmapu y el fin de la violencia policial hacia quienes nos movilizamos; un sistema universal de sala cuna y de cuidados mediante una red pública que garantice el acceso a niños y niñas, con independencia de las condiciones de empleo de sus padres; y, fundamentalmente, el rechazo a todas las formas de respuesta parcial a nuestras demandas que redunden en un aumento de nuestra precarización, como lo son la ampliación del teletrabajo y la flexibilización, que no son sino sinónimos para el trabajo precario. Este último punto debiera resultar en una brújula que nos provea de orientación permanentemente; una orientación semejante nos podría haber permitido, por ejemplo, rechazar con la fuerza necesaria iniciativas como el estatuto laboral para jóvenes, aprobado hoy y llevado al congreso con la venia de fuerzas que, con una perspectiva clara en lo que implica luchar contra la precarización de la vida, podrían haber cumplido un rol muy distinto, y no haber dejado la cancha libre para hacer posible una derrota como esa.

El hecho de que múltiples sectores se hayan plegado espontáneamente al llamado, participando de la jornada de diversas formas, ampliando el repertorio de acción política y gestando organización territorial donde antes no había (fundamentalmente asambleas territoriales de mujeres) nos mostró que la interpelación feminista es capaz de hacer avanzar una fuerza social latente. Nació al alero de esa convocatoria la Red de Trabajadoras y Sindicalistas y Asamblea de Mujeres Barrio Yungay y Brasil.

Hoy, nuestra acción se concentra en participar del llamado al relanzamiento de la campaña por el aborto legal, que dará inicio con la marcha del próximo 25 de julio, y que se ve fortalecido por las redes internacionales que buscan hacer eco de los avances de nuestras hermanas en Argentina. Luego de esto, en paralelo a esa campaña que tiene como objetivo fundamental la despenalización social del aborto en Chile, nos proponemos convocar a una jornada de memoria feminista en un nuevo aniversario del golpe de estado. Hacia final de año, proyectamos la realización de un Encuentro Nacional de Mujeres que Luchan que nos permita enfrentar el año que viene con claridades programáticas desde las cuales ordenar nuestra movilización.

La huelga general feminista y el feminismo como potencia transversal de articulación y movilización: una política de la vida cotidiana

Uno de los objetivos que nos hemos propuesto en términos de nuestro repertorio de acción es el levantamiento de una huelga general feminista para el próximo 8 de marzo. El mecanismo de la huelga feminista, a nivel mundial, ha tenido un sentido clave: ha permitido articular (no por primera vez en la historia) una capacidad de acción conjunta que atraviesa las diversas existencias de una clase trabajadora que, producto de su fragmentación, encuentra pocos puentes para constituirse unitariamente y actuar de la misma forma unitaria. La huelga general feminista no sólo tiene la potencialidad de abarcar desde el ámbito de los trabajos productivos hasta la morada oculta de la reproducción, sino también de producir esa actividad en función de dos avances: una orientación política específica, en este caso de carácter feminista, y con ello, una posibilidad de producción programática hecha posible por la actividad viva del pueblo en función de los conflictos iluminados por esta fuerza social.

En el camino de plantearse a sí misma los problemas y tareas asociados a recuperar una capacidad decisional sobre la propia vida, para poder transformar esa vida sustantivamente, esta forma de acción política que es el feminismo nos aporta algo invaluable y cuya potencia resulta en nuestra propia desestabilización. No es casual que hayamos asistido, en los últimos dos años, a un éxodo feminista que ha dejado a las organizaciones de izquierda en una de las peores posiciones que pueden haber tenido en décadas, y que en paralelo a ese proceso hayamos visto la aparición esta capacidad política feminista signada con la inorganicidad y la espontaneidad, en conjunto con una incuestionable capacidad generativa y creativa. Hoy, como tarea urgente para poder plantearnos siquiera la posibilidad de orientaciones programáticas que cuestionen radicalmente cosas tan peliagudas y desafiantes como puede serlo la forma de organización del trabajo (en Chile y en su relación con el mundo del que somos parte), así como la forma en que esa organización produce la miseria a la que se relega a las mayorías en favor del enriquecimiento de unos pocos, el movimiento feminista parece poner sobre la mesa las condiciones en que podemos comenzar a hacer posibles esos diálogos.

Ya no es posible que enfrentemos las tareas del momento con las organizaciones del pasado. Ya no es posible tampoco que nos acerquemos al cuestionamiento sobre lo que tenemos que avanzar sin que un momento de nuestra construcción implique la responsabilización política con respecto a los conflictos que nuestra vida cotidiana contribuye a iluminar.

Esto es, quizás, lo fundamental para plantear. Que hoy nos estemos preguntando por la precarización de la vida y la forma de terminar con ella es el resultado de habernos apropiado de la potencia política de interrogar nuestra vida cotidiana, en toda la radicalidad que eso nos permite. Es con esa interrogación permanente que podemos avanzar en reconstituir los vínculos de solidaridad y trabajo conjunto al interior de las diversas formas de organización de las y los trabajadores, sin categorías estrechas, sin economicismos injustificables. Es con esa reconstrucción de la solidaridad que la clase podrá desatar la potencia de constituirse como un agente capaz de plantearse nuevas tareas mediante las que podamos transformar, efectivamente, nuestra vida.

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