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Víctor Vallejos

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Del cambio de ministro hacia una nueva estrategia social y sanitaria

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Al momento de escribir esta columna, Chile lidera a nivel mundial la tasa de contagios ajustados por población[1] y ocupa el lugar 21 en el mundo en mortalidad acumulada por millón de habitantes[2], sin considerar aún la totalidad de muertes atribuibles a SARS CoV-2 que se informaban a la OMS pero se le ocultaban a la ciudadanía[3]. A todas luces esto es un desastre y por eso resulta preocupante que el recién asumido Enrique Paris plantee un “ministerio de continuidad”[4], mientras Jaime Mañalich abandona el gobierno por la puerta ancha acompañado de no pocos elogios a su gestión.

¿Por qué ha fracasado la estrategia del gobierno? Sin entrar en detalle, podemos mencionar la ineficacia de una cuarentena en comunas populares marcadas por el hacinamiento y la necesidad de salir a las calles para ganarse el sustento diario[5], la incapacidad para hacer un seguimiento estricto a casos y contactos que permitiera cortar la cadena de transmisión[6] y la serie de mensajes que invitaban a la población a una “nueva normalidad” o “retorno seguro” como medida de reactivación económica en momentos en que estábamos lejos del peak de contagios. Dos factores atraviesan estas causas y permiten explicar las razones de fondo: el predominio de un modelo de salud de matriz biomédica y foco “hospitalocéntrico” por sobre una estrategia basada en la prevención (énfasis en la compra de ventiladores mecánicos y conversión de camas asignando un rol secundario a la Atención Primaria) y el paradigma neoliberal que atraviesa toda política pública en Chile, bajo el cual se privilegian los intereses de grandes grupos económicos por sobre el bienestar de la población. Incluso, la irresponsabilidad de ciertas personas que insisten en romper la cuarentena sin motivos urgentes que lo justifiquen, se puede explicar en parte, en el individualismo exacerbado que predomina en una sociedad atravesada por los patrones culturales que impone el neoliberalismo.

De ahí que diversos actores han insistido con que el cambio de ministro debe acompañarse de una nueva de estrategia. ¿Y en qué se debe traducir ese cambio de estrategia? Primero, en asegurar condiciones que le permitan a la población sostener una cuarentena con dignidad. Sin duda esto pasa por asegurar una renta adecuada a trabajadores/as formales e informales, pero esto debe acompañarse de otras medidas que disminuyan los gastos y el endeudamiento de las familias, como por ejemplo el congelamiento de créditos educacionales, hipotecarios o de consumo y el control de precios en artículos de primera necesidad. Otra cosa es quién asume el costo de estas transferencias y, en un país profundamente desigual como el nuestro, se deberán buscar mecanismos para que el peso de la crisis económica y social que se desprenden de la crisis sanitaria, recaiga sobre los sectores más acomodados de la población. Segundo, urge una democratización en el manejo de la crisis creando instancias de cogestión que vayan más allá del carácter consultivo de la actual Mesa Social, con participación de la comunidad científica y actores sociales relevantes, diversificando su composición y permitiendo la participación de organizaciones hasta ahora excluidas[7]. Y en lo estrictamente sanitario, no basta con anunciar que la trazabilidad de los casos estará a cargo de la Atención Primaria, tal como han señalado diversos actores vinculados con este nivel de atención[8]. Esa tarea debe acompañarse de recursos económicos, mayores atribuciones que les permitan a los Centros de Salud Familiar el control directo de los cupos en las residencias sanitarias mientras además se aseguran los elementos de protección personal para todos/as los/as trabajadores/as que se desplegarán por el territorio. Al poner el foco en la Atención Primaria, también podremos desplegar una estrategia preventiva que traduzca las medidas de aislamiento físico y autocuidado a la realidad cultural y social específica de cada territorio. 

Pero más allá del manejo de la pandemia, hoy en día se abre la posibilidad de trazar algunas de las transformaciones estructurales que requiere el sistema de salud y la seguridad social en general. Y acá me quiero detener en dos aspectos fundamentales.

Primero, bastante se ha hablado de que actualmente el sistema público y privado funcionan como una red única e integrada. Esto es parcialmente cierto, ya que por ejemplo, el esfuerzo que están haciendo los hospitales públicos para aumentar su capacidad de respuesta es bastante mayor al realizado por las clínicas privadas.[9] Pero independiente de esto, el funcionamiento en red viene a demostrar las ventajas de la integración de los prestadores de salud, que podrían maximizarse bajo un Sistema Único de Salud de propiedad pública y cobertura universal, que al eliminar el lucro de los actores privados, nos permitiría reorientar la totalidad de los recursos que se destinan a salud a satisfacer las necesidades de la población, evitando el uso irracional de prestaciones en las que cae el mundo privado, ya sea presionado por la búsqueda de utilidades o por la lógica de “cliente que exige un servicio” con la que acude la población que se atiende en clínicas. Un sistema de estas características funcionaría bajo una lógica solidaria y redistributiva, donde la población joven, con menos enfermedades y mejor situación económica contribuiría en mayor medida, mientras equitativamente, todas y todos, independiente de nuestros ingresos, tendríamos la misma oportunidad de acceder a un sistema de salud de calidad.

No obstante, existen otras necesidades vinculadas al bienestar de la población que aunque se relacionan con el sistema de salud, lo superan ampliamente, y en este plano la pandemia ha demostrado la importancia de las labores de cuidado en todos los niveles. Ya sean los adultos mayores dependientes, las personas en situación de discapacidad, los/as niños/as y jóvenes que requieren del cuidado de los adultos, o cualquier persona que se enferma y necesita transitoriamente del cuidado de otros/as, esta responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las familias y particularmente en las mujeres. Son ellas quienes se están quedando cesantes de manera más acelerada y en quienes se ha recargado aún más las múltiples tareas de cuidado del hogar y de personas dependientes, lo que además se acompaña de un aumento de la violencia en las condiciones de encierro obligado[10]. Por tanto, es urgente avanzar en la socialización de estas tareas, lo que no pasa solamente por su redistribución al interior de los hogares, sino que se requiere la construcción de una institucionalidad pública, que podría tomar la forma de un Sistema Plurinacional[11] de Cuidados, articulado con el Sistema Único de Salud, donde la sociedad en su conjunto asume como propia esta responsabilidad, generando infraestructura y redes financiadas con recursos públicos que den cuenta de estas necesidades, mientras en paralelo cuestionamos aquellos roles de género históricamente asignados. En momentos en que se visualiza un panorama sombrío para el corto plazo, aun estamos a tiempo de enmendar el rumbo y no sólo evitar un desastre mayor, sino también, empujar desde el mundo social organizado, aquellas transformaciones que nos permitan retomar ese camino hacia una nueva sociedad, que empezó a vislumbrarse con fuerza desde la revuelta de octubre.

Notas


[1] https://ourworldindata.org/grapher/new-covid-cases-per-million

[2] https://www.worldometers.info/coronavirus/

[3] https://ciperchile.cl/2020/06/13/minsal-reporta-a-la-oms-una-cifra-de-fallecidos-mas-alta-que-la-informada-a-diario-en-chile/

[4] https://www.elmostrador.cl/dia/2020/06/13/ministro-de-salud-enrique-paris-llamo-al-dialogo-a-todo-el-ambito-de-la-salud-a-reunirse-y-a-trabajar-en-conjunto/

[5] https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/06/06/estudio-de-la-u-de-chile-revela-que-desigualdad-social-se-reproduce-en-cuarentena-movilidad-disminuyo-30-en-comunas-populares-vs-50-en-las-mas-acomodadas/

[6] https://ciperchile.cl/2020/05/29/falla-pieza-clave-para-contener-el-virus-acta-interna-del-minsal-revela-graves-problemas-en-la-trazabilidad-de-casos/

[7] A modo de ejemplo, sí o sí deben estar representadas además del Colmed, otras organizaciones de trabajadores/as de la salud que conocen directamente los problemas por los que atraviesa el sistema, como la Confusam o los gremios que agrupan a profesionales y trabajadores/as no médicos.

[8] http://www.colegiomedico.cl/reconocimiento-recursos-y-atribuciones-para-la-atencion-primaria-de-salud-como-actor-estrategico-en-el-enfrentamiento-de-la-pandemia-covid-19/

[9] https://ciperchile.cl/2020/05/20/la-batalla-de-las-camas-criticas-las-cifras-que-alertaron-al-minsal-sobre-el-escaso-aporte-de-las-clinicas/

[10] https://www.latercera.com/pulso/noticia/covid-borra-10-anos-de-avance-de-insercion-laboral-femenina-y-amenaza-con-ir-por-mas/PPUADKWPCJEQBLC3IC4I7CR7WY/

[11] Tomamos el concepto de plurinacional siguiendo la definición asumida por la Coordinadora Feminista 8M: “en el territorio existimos identidades y pueblos diversos, con cosmovisiones propias, como el pueblo nación mapuche que reivindican su nación, soberanía y autodeterminación del Estado burgués chileno”, Síntesis General Encuentro Plurinacional de las y les que luchan, disponible en http://cf8m.cl/wp-content/uploads/2020/03/demandas-epdlql-cf8m.pdf.

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