Hipótesis tácticas para discutir nuestra situación

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Las siguientes notas representan un bosquejo, hipótesis preliminares orientadas a enfocar una discusión: cuestiones de táctica y sus posibles perfiles. Al mismo tiempo, expresan una discusión interna en La Savia, que sigue abierta y en polémica, por tanto, necesariamente en movimiento. No son afirmaciones definitivas. Sin embargo, es una decisión colectiva el hacer públicos algunos planteamientos, ponerlos a disposición para quienes quieran discutir e integrarlos en sus análisis. Enumero, simplificados, los principales argumentos.

1- Es vital comprender que hoy asistimos a un doble proceso político. El primero: el debilitamiento del ‘pacto transicional’ como dinámica que ha reactualizado y abierto la posibilidad de disputa por la hegemonía, es decir, por aquellos grupos que efectivamente encarnan la dirección política de la sociedad. Un debilitamiento que no sólo fisura la cohesión que aglutina a los grandes grupos económicos y fuerzas políticas desde los acuerdos que tomaron por el fin de la Dictadura en los ochenta, sino que también distancia  cada vez más a estas fuerzas de quienes alguna vez fueron sus bases sociales de apoyo y legitimación. Pero no se trata en realidad de torpeza o pura mala voluntad de su parte: es el carácter que asume en Chile la acumulación de capital. El peso de la renta de los recursos naturales y la exportación, la influencia del capital financiero, las formas precarias de organización del trabajo, etc. Estas no son consecuencias simplemente, sino condiciones indispensables de acumulación, por tanto, un marco permanente desde el cual se desenvuelve la política en el país, un consenso asumido tácita y en algunos casos explícitamente: que ninguna de esas condiciones cambie, es preferible lidiar constantemente con sus consecuencias.

2.- Sin embargo, un segundo proceso se refuerza con el primero: la aparición de un ‘espacio antineoliberal’, enmarcado y producido por la tendencia general a la realineación de fuerzas en disputa por la dirección política de la sociedad. Emergen en ella, como productos de las condiciones de acumulación de capital en Chile e indisociables entre sí, conflictos asociados a la precariedad laboral, a la ausencia de seguridad social (previsión, salud, educación), deterioro ambiental, recrudecimiento de la violencia de género, etc., los cuales, con más o menos agudización, tienden a aparecer permanentemente en la agenda política. Algunos de ellos posibilitan el surgimiento de movimientos político-sociales de envergadura, permitiendo con ello el perfilamiento de un sujeto de transformación, su emergencia, aunque no [necesariamente] su organización. Este es, a mi juicio, uno de los puntos cruciales de la situación: ¿cómo organizar estas fuerzas, cómo ‘ocupar’ el ‘espacio antineoliberal’ y constituirse al menos en una fuerza capaz de disputar la dirección política de la sociedad? ¿Cómo pasar de una subjetividad de descontento aún germinal a la orientación de esa rabia en un sentido que afirme la necesidad de otra sociedad?

3.- Si admitimos que hoy se forma una nueva izquierda, tributaria de los dos procesos antes descritos, podemos decir que esta se configura en relación a una disyuntiva de proyección estratégica: ¿se recompone una alternativa de socialdemocracia, fundamentalmente integrada al régimen político (aunque pueda a la vez impugnarlo) o se contribuye a la emergencia y organización de un ‘bloque histórico’ de fuerzas con capacidad de ruptura política (anticapitalista)? Si bien es cierto no se trata de clasificaciones puras, permiten establecer dos criterios estratégicos que organizan la actividad política. Ambas se localizan en el ‘espacio antineoliberal’, pero lo proyectan de modos distintos. ¿Por qué estar en el movimiento No+AFP? ¿Qué significa estar, para unos y otros? ¿Cuál es el papel y orientación de los conflictos por educación? ¿Cómo caracterizar la situación de la lucha ambiental? ¿Cómo y dónde identificar los factores sociales que reproducen de manera permanente la violencia de género? En definitiva, les cruza la respuesta a cómo determinar el vínculo de la acción política con los procesos históricos en que nos ubicamos: ¿se trata de convencer a la ‘sociedad civil’, construir allí hegemonía para abrir procesos de democratización en el Estado? ¿Reconocer al capital como fuerza organizadora de la vida social y apostar por tanto a una política de ‘expropiación y control’ de esa fuerza por parte de la clase trabajadora? ¿Cómo se organiza un sujeto y, sobre todo, para qué y por medio de qué impulsa su práctica política? ¿Cómo se incide en la agenda política y con qué propósitos de corto y largo plazo? ¿Se impugna sólo para destrabar ‘enclaves autoritarios’, ‘desenmascarar’ o también para superar las lógicas intra-institucionales e intra-elitarias? Si se apuesta a organizar la emergencia de un sujeto en perspectiva anticapitalista, ¿puede también valerse de la creación de sus propias instituciones para acrecentar su capacidad decisional? ¿Es excluyente de la ocupación de funciones en el Estado, más allá de la lucha por reivindicaciones? Preguntas a debate, pero urgentes de volver a situar para esclarecer su contenido estratégico.

4.- Ha caracterizado a la izquierda de intención revolucionaria una política desplegada por sector de la conflictividad social, ‘multisectorial’. Fue una especie de virtud que encarnó cierta potencia, en tanto que las fuerzas de izquierda tradicional ya no pueden (o no pudieron) ofrecer respuestas programáticas, estratégicas y organizativas mediante un modelo global, como sí lo era, por ejemplo, en tiempos de la política previa a 1973. En gran medida, porque estas fuerzas asumieron desde mediados de los ochenta hasta hoy el programa histórico organizado en Dictadura. Pero, a pesar de ello, la política de izquierdas requiere hoy formas generales de organizar su acción. El manifiesto agotamiento de los referentes sectoriales en donde participa la izquierda es expresión de ello. Es inefectiva una política parcelada para una realidad que es unitaria, se requieren por ellos respuestas globales. Hoy los polos de agrupamiento político –FA, centro-izquierda, centro-derecha, derecha radical, etc.- están lejos de organizar su actividad única y centralmente por sector. Eso es lo que está cambiando en relación a años atrás. Un solo referente político se pronuncia sobre diferentes conflictos de la sociedad, no cada conflicto de la sociedad se pronuncia desde referentes distintos. Este pareciera ser el carácter que asumirá la política los próximos años. Su importancia principal es que así es como construirán su política de comunicación de masas: habrá una disputa por respuestas globales, aunque, para matizar, en clave de ‘visiones de sociedad’ y no como ‘alternativas de sociedad’. Las fuerzas de ruptura anticapitalista deben asumir esta segunda tarea, por lo mismo, reconocer que la política organizada sólo multisectorialmente tiene cabida en relación a grupos que no tienen la capacidad ni la intención de actuar globalmente. Expresa por tanto una falencia que no podemos seguir reproduciendo. La realidad conflictiva es parte de un solo movimiento, no tiene mérito alguno volver a ‘juntar’ lo que es separado sólo en las cabezas de la izquierda. Política unitaria y global, encarnada por un ‘bloque histórico’ de fuerzas de ruptura anticapitalista.

5.- No obstante, las posibilidades de este ‘bloque histórico’ son aún bajas. Hablamos todavía de un ‘germen’. No es un exceso sostener que, en términos políticos, a lo que debiesen apuntar las fuerzas de intención revolucionaria es a ‘ocupar’ un lugar dentro de la dinámica de realineación de fuerzas políticas. El medio: la movilización a través de un programa mínimo surgido desde el ‘espacio antineoliberal’, que sirva al mismo tiempo como forma de integrar más sectores que actualmente tienen modalidades desiguales de participación política hacia políticas revolucionarias (rupturas) y, simultáneamente, incida en el conjunto de actores políticos haciendo pesar los intereses del pueblo trabajador, es decir, haga efectiva la capacidad de decidir sobre asuntos sociales de relevancia. Romper con la marginalidad e inercias heredadas. Ser una nueva izquierda. Transformar nuestra política.

6.- Proponemos tres ejes para desarrollar una táctica de izquierda anticapitalista:

6.1  Maduración de las organizaciones del pueblo. El elemento central es la construcción de una fuerza con capacidad política pero fundamentalmente enraizada en la sociedad, basificada en todos los niveles de la sociedad civil. Construir organización donde no la haya, fortalecer y proyectar donde ya exista. Integrar más sectores del pueblo trabajador a la actividad política, ampliar la base social en conflicto y pasar de un descontento larvado con los efectos del neoliberalismo hacia la visión de que ya no es posible seguir viviendo así y se necesita, por tanto, otra forma de vivir en sociedad. Los dos puntos centrales que nos permitirán avanzar en esta dirección son: i) movilización a partir de reivindicaciones y orientar el despliegue con la voluntad de hacerlas efectivas. Hay que luchar para ganar, aunque sean conquistas parciales y en el marco de la sociedad capitalista. Lo importante de esta perspectiva es que integrará sectores a la política y tenderá a disolver la distancia que se produce entre esta y la actividad reivindicativa de la clase trabajadora ii) hay que hacer efectiva esta voluntad, realizarla. Lo que estará en disputa en esta dinámica, será el contenido, la proyección (si abre paso a otras reivindicaciones o incluso a un cuestionamiento de fondo de la estructura social que impide la realización de la demanda) y el defender la conquista parcial. Ninguna institución estatal garantiza por sí misma que las ganadas que obtengamos prevalezcan o se efectúen en el sentido que deseamos, para eso la fuerza del pueblo trabajador debe hacerse efectiva como medio de presión y radicalidad. Porque no sirve llamar a movilizar al pueblo trabajador por motivos abstractos, que se vean lejanos o incluso irrealizables. Si no hay voluntad siquiera de integrarse a la lucha política para defender sus condiciones de vida, difícilmente se esté disponible para otras iniciativas, que generalmente nos deja a la mayoría de los grupos de izquierda revolucionaria como simples grupos sobreideologizados.

Hemos planteado en otro lugar el entramado político-social que proponemos para tejer redes y organizaciones del pueblo. Su propia institución política. Propusimos un entramado compuesto por:

  1. Organizaciones sociales de base: su objetivo es propiciar el encuentro, coordinación para tareas puntuales, sistematizar experiencias, organizar y movilizar una localidad, pelear, etc.
  2. Frentes Sectoriales: se refiere a “sector” en tanto a que da cuenta de las áreas en conflicto debido al desarrollo capitalista, operando como un criterio ordenador de la disputa y orientando hacia una visión unitaria de la clase trabajadora, pues son “sectores” de un mismo sujeto político, no distintos sujetos que luego deben unirse. Cumplen cuatro funciones diferenciadas. Uno, contribuyen a la convergencia de las fuerzas de cambio en torno a un quehacer concreto surgido del conflicto. Permite organizar desde ahí. Dos, interpela a actores específicos, dando un rostro a quienes sostienen la explotación, y moviliza en función de ello. Tres, se orienta por elementos programáticos embrionarios que permiten impulsar entre las masas elementos anticapitalistas que sean respuesta a las situaciones de precariedad. Cuatro, moviliza, activa, llaman a la ampliación de la base social en conflicto.
  3. Organizaciones políticas: es una intermediación, una continuidad entre el partido y la clase, se dirige a las masas. Se orienta al desarrollo de la lucha de masas y la profundización programática, es decir, es un instrumento de orientación y dirección política que se diferencia de las otras dos formas de organización en que debe poseer cohesión político-ideológica y, por lo tanto, asumir una táctica y un programa que defina principales objetivos.

Pero este diseño, que a pesar de sus deficiencias y potencialidades, pensamos que hay que seguir desarrollando, es indispensable para la tarea de construcción de una fuerza social surgida desde los espacios de base hacia la lucha política general. Tampoco pensamos que sea posible ni deseable en este contexto la idea de construir El Partido. No es posible pues por más voluntad que se tenga al respecto, carecemos de la capacidad suficiente para unir los distintos destacamentos revolucionarios, e incluso si esto fuera posible, estos no tienen un enraizamiento significativo entre la vida social del pueblo trabajador y estaría lejos de que se volviera su partido. Tampoco creo que sea deseable, en tanto que necesitamos pluralidad de planteamientos, organizaciones, referencias, tendencias. La carga estalinista que acompaña la noción de partido en singular muchas veces termina por condenar la diferencia y encubrir el dogmatismo autoritario más rancio al interior de las organizaciones. Sin embargo, se necesita efectividad política, acción conjunta desde las organizaciones de izquierda. Para ello proponemos como elemento táctico la confección de un referente político de masas.

Su objetivo es aportar a converger un embrión de bloque histórico con elementos programáticos mínimos, componentes tácticos compartidos y sobre todo combatir el sectarismo y dogmatismo con el que algunos sectores de izquierda reproducen su desvinculación estructural respecto a las masas trabajadoras.

6.2 El fundamento del referente es avanzar en una política unitaria que, como planteamos anteriormente, sugiera al resto de la sociedad un proyecto de sociedad, proponga respuestas globales sobre los diversos aspectos conflictivos que se presentan en sociedad y lo haga desde el punto de vista del pueblo trabajador. Para ello debe impulsar una comunicación política de masas, que dispute y oriente el sentido común de las masas trabajadoras, como parte de ellas, no como un ente ‘exterior’, sino produciendo una cultura común, resaltando una experiencia de clase compartida que busque la identificación en nuestras diferencias. Hablar con sencillez sobre las tareas que se avecinan, sobre cómo un problema puntual del pueblo trabajador se conecta con otras clases sociales, con el capital, las relaciones mercantiles, etc. ¿Por qué los mensajes hiper-radicales no hacen sentido, no movilizan a las masas? ¿Es simplemente porque no entienden o ‘viven engañadas’, como paternalistamente se dice, o es porque esos mensajes hiper-radicalizados en verdad ya no encarnan ninguna potencia revolucionaria y sólo reproducen su condición marginal respecto de la política? Tendremos al menos cuatro años a la derecha hablándole al país, y otros grupos que también lo harán con énfasis. Si no salimos a contrarrestar eso con una política de comunicación de masas es muy poco probable que espontáneamente surja la idea de actualidad de la revolución, sobre su necesidad y las tareas para organizar una fuerza anticapitalista. Un referente político de masas es un espacio compartido, un polo anticapitalista que no pretende abarcar a toda la izquierda revolucionaria ni resolver el problema de su unidad. Aparece como respuesta al debilitamiento y fragmentación de la política multisectorial. Su objetivo es aportar a converger un embrión de bloque histórico con elementos programáticos mínimos, componentes tácticos compartidos y sobre todo combatir el sectarismo y dogmatismo con el que algunos sectores de izquierda reproducen su desvinculación estructural respecto a las masas trabajadoras. Un referente común flexible y que al mismo tiempo que se dirija a interceder entre las principales fuerzas políticas del país y se oriente a actuar entre las bases sociales. Allí tenemos mucha experiencia. Este polo anticapitalista tiene mayores posibilidades de constituirse desde fuera del FA que dentro (como nos han sugerido), dado que a pesar de que el FA ha acogido demandas sociales, mayoritaria y hegemónicamente sus vínculos orgánicos no están en las organizaciones que impulsan esas luchas. Por más que digan lo contrario, lo que han buscado hacer es aterrizar un ‘pacto electoral’, no desplegar una fuerza articulada del pueblo trabajador ni impulsar su actividad política independiente. Mantienen en el centro la lógica despolitizante de delegación-representación y utilizan sus bases sociales como mecanismo de legitimación en el marco de la política elitaria. Hay grupos y tendencias que están en contra de ello, pero no son quienes conducen. Tampoco hay una alternativa para las izquierdas radicales, lo que hace inviable pensar más allá del FA. No puede ser que a las fuerzas de izquierda se nos aparezca siempre más viable acercarnos al polo que busca ‘izquierdizar’ el centro político que construir una fuerza popular, independiente y anticapitalista.

6.3 Línea de apertura y movilización electoral [en municipales]. No pensamos que las elecciones mermen la emergencia de procesos revolucionarios. Mientras no ocupen un papel central (electoralismo) ni nieguen que la única fuerza capaz de impulsar una política radical sea la clase trabajadora. Muchas veces la izquierda entra en el círculo sin salida práctica al decir “no nos oponemos por principio a las elecciones, pero no hay condiciones”, sin siquiera plantearse qué condiciones son esas, operando como una negación de facto a esa posibilidad. Una política de apertura electoral no es abrirse en cualquier caso y a cualquier costo, sólo debiera ser impulsada allí donde pudiera acrecentar nuestras fuerzas (al menos en las municipales), asumiendo los riesgos que implica y lidiando contra toda tendencia a descuidar el trabajo de bases y de lucha. Hay algunos puntos en los que una política de apertura y movilización electoral pueden contribuir a fortalecer las perspectivas anticapitalistas del pueblo trabajador y desarrollar una alternativa que pueda al menos pensar disputar la hegemonía social, la dirección política del país en el mediano plazo:

  1. Difusión de elementos programáticos en el marco del despliegue de las candidaturas.
  2. Integración y trabajo conjunto de organizaciones en función de un elemento táctico compartido y con objetivos específicos.
  3. Preparación de una plataforma de políticas y programas de desarrollo local [acercarnos a pensar y desplegar una política de gestión local con recursos del Estado, que son en realidad productos del trabajo social que tenemos que recuperar].
  4. Ampliación del radio de acción política, contribuir a superar el aislamiento, usar la excusa de las elecciones para tejer redes político-sociales en las comunas.
  5. Si se llega a obtener un puesto, sería factible combinar elementos de institucionalidad estatal con las organizaciones creadas por el pueblo trabajador y poner las primeras en función de las segundas.
  6. Las elecciones estarán puestas en función de una política anticapitalista, aprovechando como motor subjetivo el llamado ‘espacio antineoliberal’ y como soporte organizativo los conflictos y las respuestas programáticas que estos posibilitan.
  7. Permiten acumular fuerzas, sobre todo desde un diseño que va desde las organizaciones de base, los frentes sectoriales, las orgánicas políticas y teniendo como otro momento más las elecciones y la proyección que dan tanto obtener buenos resultados como conseguir un cargo.
  8. No hay que desconocer lo útil que podría ser la utilización de recursos provenientes de la elección y al mismo tiempo el pie que dan algunas herramientas institucionales para emplearse como medio auxiliar de las luchas sociales.
  9. Servir al mismo tiempo para develar el carácter, límites y posibilidades que dan las instituciones estatales. El emplear recursos e instituciones del Estado no tiene nada que ver con legitimarlo, sino con utilizar una parte del mismo en beneficio de la clase trabajadora y sus luchas. La perspectiva táctica y programática es otro Estado, un nuevo Estado, la supresión del actual y, estratégica y proyectualmente, la extinción de las formas sociales que permiten el surgimiento del Estado mismo y con ello, sustituyen la posibilidad de auto-organización de la clase trabajadora.
  10. Plantearse el acercamiento, construcción y disputa con sectores del FA. Es un error de consideración tratar a este conglomerado como un bloque homogéneo, compacto, más todavía subestimarlo o reducirlo. Hay tendencias, corrientes, descontentos. La política es flexible e imposible determinar su clausura de antemano. En ese sentido, ¿por qué no pensar la posibilidad de acercar a sectores del FA hacia una política bien demarcada, con modestia y sentido de las tareas del periodo? ¿Por qué no pensar en instalar problemáticas, temas, construir una agenda que incluso llegue a tensar a otras fuerzas políticas? Lo que es seguro es que el sectarismo, el dogmatismo y la ilusión de ‘purismo’ mantiene a la izquierda radical en una posición de irrelevancia y sin capacidad de responder seriamente a la situación actual.

7.- Estos son entonces algunos elementos para discutir. Pero discutir realmente, con incomodidad y humildad frente a la envergadura de nuestras tareas. No puede ser que en el escenario que se comienza a configurar post-elecciones algunos grupos de izquierda radical sigan considerando que nada ha cambiado o, lo que es lo mismo, en sus consideraciones tácticas sigan llamando a hacer lo mismo que estábamos haciendo, pero ‘ahora sí’. Como si todo estuviera bien. Como si nuestro error en realidad fuera de implementación y no de lectura, de disposición táctica y estratégica. Discutir, esclarecer, transformar. Hacer lo necesario para salir de la marginalidad y tener incidencia en el concierto de correlaciones de fuerzas actuales. Apostar a mostrar la vigencia de ideas anticapitalistas. Movilizar a la clase trabajadora en función de ellos, aprovechando el germinal descontento ‘antineoliberal’ que exista como vehículo. Las y los socialistas debemos reconocer que no somos una fuerza actualmente ni el socialismo es una alternativa vigente. No para auto-flagelarse o proponer medidas desesperadas, voluntaristas e izquierdistas, sino para asumir con radicalidad las tareas que tenemos encima. Proyectarlas, actuar con paciencia, agruparnos, y definir con precisión las mediaciones concretas con las que llegaremos a los objetivos que proclamamos según corresponda a cada situación.

 

Historiador, militante de La Savia y miembro del comité editorial de Revista Posiciones.

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